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Tener una idea genial y pensar que ya tenemos salvada la empresa puede ser una gran equivocación.

Dar con una idea aparentemente innovadora no tiene demasiado valor. Lo realmente importante es que esa idea sea un buen negocio. Si lo contrastamos internamente o con familiares y amigos podemos sacar conclusiones irreales. ¿Cómo no van a elogiarlo los propios creadores o personas de su entorno?

Lo primero sería contrastar la nueva idea con personas cualificadas que no duden en aflorar sus puntos débiles con el propósito de mejorarlos. Lo segundo sería testar esa idea en el mercado con un estudio de campo. Preguntar directamente a las personas que conforman el público objetivo es la mejor manera de comprobar si la nueva idea gusta o no. La mayoría de empresas fallan en este punto. Principalmente por pereza; no gustan de salir de la oficina para patearse la calle.

Una vez tenemos contrastada la idea innovadora hace falta un buen plan de negocio que convierta esa idea en valor económico para la empresa. El valor sólo se creará cuando se ejecute ese plan. Ese plan debe ser contrastado interna y externamente. Hay que explicarlo y si no convence plenamente en los tres planos, comercial, financiero y operacional, puede que no sea tan buena idea como se pensaba.

Suponiendo que hemos pasado con nota todos los exámenes anteriores hay que tener en cuenta que el hecho de que seamos los primeros en sacar esa nueva idea al mercado no nos garantiza el éxito. Hay que asegurarse de que vamos a ser los primeros en conquistar la mente del consumidor. Ese es el que va a ganar de verdad. Ser el primero en llegar nos da una ventaja pero si llega otro y consigue conquistar la mente del consumidor, estamos perdidos.

Antes de jugarnos la supervivencia de la empresa en un nuevo proyecto hemos de estar preparados para contrastarlo con expertos, salir de la oficina para hablar con los posibles clientes, hacer un plan de negocio y contrastarlo y prepararnos para luchar fuerte para conquistar la mente del consumidor.

Así de fácil, así de difícil.

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La seguridad es al sistema de información lo que la mutación a la selección natural, pero con una importantísima diferencia: con la seguridad de los sistemas de información usted tiene el control de su supervivencia.

Dan Geer (Prólogo del libro “Software Security: Building Security in” – Ed. Addison Wesley – 2005)

En los tiempos recientes ha ido creciendo en las organizaciones, y en particular en las Micro y PYMEs, la sensibilidad hacia la importancia de disponer de medidas y políticas de seguridad en los sistemas de información. A pesar de ello, persiste el debate entre la oferta de productos y servicios de calidad que presenta la empresa al mercado y el mantenimiento de mayor rigor en cuanto a la seguridad de éstos. A este respecto, las organizaciones se enfrenten a retos tales como:

  • Establecer buenos modelos de gestión en entornos globalizados y geográficamente dispersos, siendo al mismo tiempo capaces de mantener el control de las operaciones.
  • Establecer políticas y procedimientos de seguridad que reflejen de forma adecuada el contexto organizativo y los nuevos procesos de negocio que puedan aparecer.
  • Definir controles tecnológicos relevantes así como sus estructuras de responsabilidad asociadas.
  • Definir una planificación adecuada y precisa que garantice la continuidad de las principales actividades de negocio de la organización.

La seguridad en los sistemas de información en las organizaciones es un factor clave que contribuye en el logro e los objetivos de negocio. La continuidad en el proceso y distribución de información se ha convertido en el torrente sanguíneo para las organizaciones del presente milenio. La protección de la información y los sistemas frente a amenazas internas o externas a la organización, es un aspecto crítico para la supervivencia del negocio.

Las pequeñas y medianas empresas tienen los mismos problemas que las grandes, pero no el mismo nivel de recursos financieros o humanos para resolverlos. En muchos casos se requieren conocimientos  concretos que no se tienen dentro de la empresa, ya que sería impensable tener recursos fijos que sólo serían necesarios una parte del tiempo.

Esto significa que de alguna manera van quedando rezagadas y con desventajas competitivas.

Ante estos desafíos la mayoría de las empresas hacen dos cosas: quedarse paradas o hacer gala de múltiples estrategias para salir adelante que en muchos casos no son las correctas.

Lo que aporta valor a las empresas, y algunas de ellas ya se han dado cuenta, es buscar en el exterior ese conocimiento que les falta. Para ello deben ser conscientes de que tienen un problema y lo segundo buscar en el exterior el apoyo de quienes realmente pueden aportarle el conocimiento que falte para dar con las estrategias que realmente consigan diferenciarse de sus competidores, diseñar y definir los productos y servicios que sean valorados por los clientes y tomar las decisiones pertinentes para alinear toda la empresa según el modelo de negocio que permita tener éxito.

Las pymes están adquiriendo cada vez más servicios profesionales ya que les permite acceder a un conjunto de competencias que no están disponibles en sus organizaciones y, al mismo tiempo, poner foco en su núcleo de negocio y poder transformarlo.

Caer está permitido. ¡Levantarse es obligatorio!

(Proverbio ruso)

Este es el resultado de la encuesta realizada por la firma Lovetts.

Preguntadas las empresas por identificar los problemas más importantes que padecían en estos momentos de crisis generalizada los resultados han sido muy claros.

Tres problemas han sido destacados del resto con la valoración de “importante o muy importante:

  • Caída de la demanda                                63%
  • Incerteza económica                                58%
  • Competencia en precios                          56%

Los mercados se han contraído, como es lógico, y no es de extrañar que la reacción de las empresas haya sido reducir precios para estimular la demanda.

El efecto negativo es que se reducen los márgenes. Si las empresas venden menos y con menos margen la situación se torna muy, pero que muy, delicada.

Seguir por esa vía conlleva fácilmente a entrar en pérdidas y la espiral negativa puede llevar a la disolución de la empresa.

¿Qué hacer? Concentrarse en el cashflow y pensar estrategias para remontar en ventas. Nuevos mercados en expansión. Nuevos productos que dejen atrás los actuales, los de la empresa y los de la competencia. Repensar el modelo de negocio.

En definitiva, replantearse la empresa y su modelo poniendo atención en lo que piden actualmente los consumidores y ser los primeros en dárselo.

En los momentos de crisis, sólo la imaginación es más importante que el conocimiento.

Albert Einstein

Crisis ¿qué crisis? Ésta es una pregunta recurrente desde que el grupo Supertramp sacó al mercado su conocido LP con el mismo título. Lo difícil es la respuesta, y  a muchas de las Pymes les es difícil analizarla y contestar adecuadamente. Para muchas empresas, la crisis es de demanda; motivada por la reducción drástica de la financiación a las familias.

El efecto es que la mayoría de empresas y empresarios están en estado de shock. No saben bien qué hacer y les cuesta reaccionar.

Por otra parte, el entorno está cambiando aceleradamente. Las nuevas tecnologías están revolucionando el mundo, especialmente en los hábitos de compra. El cliente de toda la vida se nos está diluyendo de entre las manos ya que tiene más información, dispone de una oferta más amplia y más enfocada a sus gustos y necesidades y mayor comodidad para comprar.

La solución no es fácil, pero hay que ponerse manos a la obra. En estas ocasiones hay que tener muy claro que o te adaptas y cambias o te extinguirás. Ya lo expuso Charles Darwing en su Teoría de la evolución de las especies.

El asunto hay que abordarlo con “inteligencia”, toda la que exista en la empresa, y plantearse claramente hacia dónde hay que ir. No es solamente plantearse la estrategia de la empresa, hay que plantearse, incluso, el modelo de negocio. El nuevo entorno tecnológico ofrece muchas palancas de cambio al modelo actual y hay que indagar a fondo cómo podemos sacarle el máximo partido.

Estos planteamientos llevan tiempo y mucha reflexión. En consecuencia, cuanto antes empecemos a reflexionar sobre ello mejor.

De resultas de esta crisis, al igual que en todas las anteriores, sólo habrá dos tipos de empresas: las camaleónicas, que habrán sabido cambiar y adaptarse , y las que habrán ido menguando hasta, tal vez, desaparecer.

Visto lo visto, mejor cambiar.