Las pequeñas y medianas empresas tienen los mismos problemas que las grandes, pero no el mismo nivel de recursos financieros o humanos para resolverlos. En muchos casos se requieren conocimientos  concretos que no se tienen dentro de la empresa, ya que sería impensable tener recursos fijos que sólo serían necesarios una parte del tiempo.

Esto significa que de alguna manera van quedando rezagadas y con desventajas competitivas.

Ante estos desafíos la mayoría de las empresas hacen dos cosas: quedarse paradas o hacer gala de múltiples estrategias para salir adelante que en muchos casos no son las correctas.

Lo que aporta valor a las empresas, y algunas de ellas ya se han dado cuenta, es buscar en el exterior ese conocimiento que les falta. Para ello deben ser conscientes de que tienen un problema y lo segundo buscar en el exterior el apoyo de quienes realmente pueden aportarle el conocimiento que falte para dar con las estrategias que realmente consigan diferenciarse de sus competidores, diseñar y definir los productos y servicios que sean valorados por los clientes y tomar las decisiones pertinentes para alinear toda la empresa según el modelo de negocio que permita tener éxito.

Las pymes están adquiriendo cada vez más servicios profesionales ya que les permite acceder a un conjunto de competencias que no están disponibles en sus organizaciones y, al mismo tiempo, poner foco en su núcleo de negocio y poder transformarlo.