Siempre que sea posible tome medidas preventivas antes que tener que tomar medidas reactivas.

(Andrew Hawker. “Twelve rules of thumb for managers)

 

Hace poco tiempo nos contactó un pequeño empresario con un problema que actualmente, y en época de crisis, en donde la picaresca parece haber resurgido, viene siendo común en las relaciones comerciales: le habían prometido un servicio que a la hora de la verdad brillaba por su ausencia.

Este empresario había sido captado por una sociedad “Y” que, a cambio de una cuota mensual, le había prometido que el nombre de su empresa aparecería mejor posicionado en Internet. Así se le ofreció un contrato de servicios por el que a lo largo de un espacio de tiempo y a cambio de un precio, su empresa iba a disfrutar de una mejor posición en Internet y, en teoría , iba a acceder a un mayor número potencial de clientes. (Es un dato contrastado el hecho de que cuando se inicia una búsqueda en Internet, quien está realmente interesado, suele quedarse con los nombres de las empresas que aparecen posicionadas en los primeros lugares. Difícilmente se alcanzará una tercera o cuarta página.)

Pese a las buenas intenciones del empresario, cuyo único objetivo era abrirse al mundo virtual y pese a contratar los servicios de una empresa especializada (así se vendía la  sociedad “Y)” , la realidad iba a ser bien distinta.

En efecto, el nombre de la empresa de nuestro cliente, tras la contratación de los servicios de la “empresa especializada”, no aparecía en las primeras páginas de respuesta sino ni más allá de la página decimo-octava, o lo que es lo mismo, en peor posicionamiento que si no se hubiese contratado ningún servicio externo.

Y es ahí cuando empiezan los problemas ¿Qué hacemos ante una situación de incumplimiento contractual? La respuesta, aunque obvia (resolver el contrato de servicios) no deja de crear en nuestro pequeño cliente gastos y molestias que hubiesen podido evitarse.

Veamos cual es la solución. Lo primero que se debe hacer, como decimos, es dar por resuelto el contrato de servicios mediante el consabido burofax comunicando la resolución unilateral del contrato por no ofrecer el servicio contratado. Acto seguido lo lógico es dejar de pagar las cuotas que mensualmente que ese proveedor ha ido  girando (solicitar incluso el retorno de las ya pagadas) y esperar que la respuesta de la empresa de servicios nos sea favorable a la resolución contractual, ya que en caso contrario nos veríamos abocados a un pleito, con los costes que dicho trámite judicial acostumbra a acarrear .

En definitiva, a fin de evitar problemas, y sobre todo gastos innecesarios, nunca estará de más el que previamente a adquirir obligaciones contractuales de cualquier índole revisemos que se nos garantice, dentro de unos márgenes razonables, el resultado que pretendemos obtener y sobre todo si dicho resultado es el deseado por nuestra empresa para obtener los frutos del negocio que pretendemos potenciar.